La Española Salud

Este verano, la seguridad alimentaria está en tus manos

La época estival es la más propensa a sufrir intoxicaciones alimentarias. Con la subida de las temperaturas, los alimentos se degradan con mayor facilidad y el riesgo de vernos afectados por una salmonelosis, por ejemplo, está a la orden del día. Hay que tener en cuenta, además, que ciertos grupos de población, como las personas mayores, los niños, mujeres embarazadas o enfermos crónicos son mucho más propensos a sufrir este tipo de intoxicaciones.

Sin embargo, en muchas ocasiones, garantizar la seguridad alimentaria está en nuestras manos. Solo hace falta tener en cuenta unos pequeños gestos a seguir a la hora de manipular los alimentos para minimizar los riesgos, tal y como recomienda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Veamos cuáles son:

A la hora de hacer la compra
Si la planificación es fundamental durante todo el año, lo es mucho más en verano. Hay que adquirir las cantidades adecuadas para garantizar que no se nos van a echar a perder los productos, sobre todo en un momento en el que apetecen mucho más productos frescos, cuya fecha de caducidad o deterioro es muy grande.

Así pues, es el momento de hacer listas de la compra, en las que tendremos en cuenta el espacio de que disponemos en la nevera o en el congelador y, sobre todo, evitaremos las roturas de frío, que pueden acarrear problemas alimentarios, prestando especial atención a productos como el pescado, el marisco, las carnes y los lácteos. Para ello, a la hora de comprar, dejaremos para el final los productos frescos y congelados, utilizaremos bolsas de transporte adecuadas y evitaremos que pase mucho tiempo desde que salen de los lineales del supermercado hasta que llegan a nuestra nevera.

Más que nunca rechazaremos aquellos productos que no cuenten con un envase en perfectas condiciones y evitaremos comprar productos congelados que presenten escarcha o cristales de hielo, ya que puede ser un síntoma de que no se ha respetado la cadena de frío en el propio establecimiento. Y miraremos detenidamente las fechas de consumo preferente y/o caducidad, con el fin de adaptar la compra a nuestras necesidades y no arriesgarnos a consumir un producto fuera de fecha o que, directamente, termine en la basura.

Una vez en casa...
Cuando lleguemos a casa con la compra, guardaremos rápidamente los alimentos en sus respectivos lugares, sobre todo los que necesitan frío. Entre los 5ºC y los 65ºC, la mayoría de microorganismos patógenos (susceptibles de causar enfermedades) crecen de manera rápida. El frío es el único modo, ya no de destruirlos, pero sí de ralentizar o detener su desarrollo, por lo que evitaremos todo lo que podamos mantener los alimentos a temperatura ambiente, sobre todo en esta época en que es bastante probable que supere los 30ºC.

Una vez más, pondremos especial cuidado en alimentos como las carnes (sobre todo de ave y las presentaciones en forma picada), los pescados, las salsas y los lácteos. Serán los primeros (junto con los congelados) que pondremos en la nevera. Mantendremos la temperatura del frigorífico como máximo a 5ºC y procuraremos no sobrecargarlo, con el fin de mantener unas condiciones idóneas de conservación.

Otro aspecto importante es la colocación de los alimentos dentro de la nevera. Siempre hay que separar los que ya están cocinados de los que no están. Los primeros, los situaremos en la zona más alta del frigorífico, mientras que la parte inferior la dedicaremos a carnes, aves y pescados crudos (cada uno de ellos envasados de manera separada). En este lugar también colocaremos los productos que queremos descongelar para su consumo, de modo que evitaremos que puedan gotear sobre otros alimentos y los contaminen. Las frutas y verduras irán en los cajones verduleros.

Y, por supuesto, es fundamental mantener una higiene adecuada de nuestro frigorífico.

En cuanto a los congelados, es mejor hacer porciones pequeñas. Esto permitirá que se congelen de manera más rápida y, a la hora de descongelar, evitaremos tener que sacar envases muy grandes que quizá no podamos consumir de una vez. Los primeros productos que congelemos deberán ser lo que consumamos antes. Para saber las fechas de congelación, es muy útil utilizar bolsas o envases específicos que nos permitan rotular. Además, tendremos en cuenta las características de nuestro congelador (1, 2, 3 o 4 estrellas) para saber durante cuánto tiempo máximo podemos conservar los productos en él.

Cocinar de forma segura
Por último, pero no por ello menos importante, es necesario poner especial cuidado en la manipulación de los alimentos cuando vayamos a cocinarlos.

En primer lugar, la higiene personal juega un papel primordial a la hora de prevenir problemas. Nos lavaremos las manos concienzudamente antes y después de manipular los productos, llevaremos las uñas cuidadas y limpias y evitaremos cocinar con anillos y pulseras, ya que pueden tener restos de suciedad.

La misma higiene mantendremos para las superficies donde cocinemos, como la encimera o las tablas de cortar, y los utensilios que utilicemos (cubiertos, paños de cocina, etc.). Es importantísimo limpiar todo bien, sobre todo cuando vayamos a manipular productos en crudo y otros cocinados, para evitar contaminaciones.

A la hora de cocinar, procuraremos seguir las recomendaciones de los fabricantes de alimentos. Con productos como carnes, pescados o huevos, hay que intentar que el alimento alcance los 70ºC en todas sus partes, para evitar la proliferación de microorganismos. Aun así, si se opta por preparaciones en crudo, como el sushi o los boquerones en vinagre, tendremos que asegurarnos que el producto ha sido congelado durante, al menos 24 horas, a una temperatura de -20ºC.

Ojo a las salsas caseras, sobre todo aquellas que contengan huevo. En verano, es mejor comprar variedades industriales, ya que son sometidas a procesos de conservación mucho más seguros. ¡Y seguiremos siempre las recomendaciones del fabricante a la hora de consumirlas!

Por último, intentaremos preparar la cantidad justa de comida que vayamos a consumir para evitar tener que guardar y recalentar, ya que aumentan las probabilidades de sufrir toxiinfecciones.

¡Siguiendo estos pequeños consejos, nuestra alimentación veraniega será mucho más segura!

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