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Cómo combatir la astenia primaveral

El cambio de estación trae consigo más horas de luz y mejores temperaturas, dos aspectos que, a priori, parecen muy positivos pero que, a la hora de la verdad, terminan afectando al organismo humano, provocando la tan temida astenia primaveral. Pero... ¿qué es la astenia primaveral? ¿Se trata de una enfermedad? ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Hay algún modo de combatirla?

En realidad, no existe una explicación científica firme que explique su aparición. Tampoco se trata de una enfermedad en sí misma, sino de un trastorno temporal que afecta al organismo durante las primeras semanas de la nueva estación. Como aseguran fuentes de SEMERGEN, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, el incremento de las temperaturas, el mayor número de horas de sol y el cambio horario alteran los llamados ritmos circadianos del cuerpo, lo que genera cambios en la producción de las sustancias del sistema nervioso (endorfinas, serotonina, melatonina...) y se traduce en síntomas como decaimiento físico, trastornos del sueño, falta de energía, disminución de la concentración, irritabilidad, nerviosismo, falta de apetito y malestar, en general.

Según una encuesta llevada a cabo por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) entre más de 2.400 personas, un 36% afirma sentir alguno de estos síntomas cuando llega esta época y se produce el cambio horario. Además, hay que añadir otro factor, como son las alergias asociadas a la floración y que llevan aparejadas dificultades respiratorias y congestión, empeorando aún más los síntomas de la astenia primaveral.

La alimentación, clave para combatir la astenia primaveral
Aunque, como decimos, es un trastorno temporal que remite al cabo de unas semanas, hay maneras de intentar paliar los síntomas para hacerlo más llevaderos. Y el modo más efectivo es cuidar nuestra alimentación. Si, por regla general, es fundamental llevar una dieta equilibrada y variada, en esta época cobra mayor importancia. Incluir una mayor cantidad de alimentos frescos, ricos en vitaminas y minerales, es imprescindible para luchar contra estos síntomas. Además, hay que ajustar bien los horarios de las comidas, respetando las cinco tomas diarias, para asegurar la ingesta de energía a lo largo de toda la jornada. Y es importantísimo prestar especial atención al desayuno que ahora, más que nunca, se convierte en la principal comida del día.

Según fuentes de SEDCA, apostar por desayunos energéticos que aporten hidratos de carbono, proteínas, lípidos, vitaminas y minerales, que se pueden suplementar, por ejemplo, con jalea real, puede ayudarnos a combatir esos síntomas de cansancio y falta de energía.

Así, el desayuno perfecto en esta época del año debe incluir todos los grupos de alimentos:
• Hidratos de carbono: como el pan o los cereales.
• Proteínas: lácteos, fiambre de pavo o huevos.
• Lípidos: fundamentalmente, aceite de oliva.
• Vitaminas y minerales: en forma de frutas y zumos naturales.

Lo mismo ocurre con el resto de comidas del día. Hay que apostar por dietas que contengan muchos antioxidantes (frutas, verduras, aceite de oliva...), evitando platos precocinados, que aportan grasas poco saludables y exceso de sal, lo que dificulta la digestión.

Por último, además de seguir estas pautas alimenticias, procuraremos respetar al máximo las horas de sueño, siguiendo unos horarios fijos con respecto al descanso; intentaremos dejar tres horas desde la cena hasta que nos vamos a dormir; practicaremos ejercicio moderado y regular para incrementar la producción de endorfinas; y apostaremos por realizar actividades placenteras, que nos ayuden a vencer la desmotivación y mejoren nuestro estado anímico.

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